Victor Aquiles Jimenez
Vivo de lo que muero mi talento
22 Enero 2008
¿Pagaría usted por comprar un televisor de alta tecnología que no le ofreciera más que una pantalla en blanco durante todo el día y en el resto de su existencia? ¿Pagaría por leer diarios y revistas vacías y películas de cine en blanco también?
Con toda seguridad no, porque se sentiría estafado o estafada, estúpido o estúpida por ello. Pero esa sensación es la que sienten los autores siempre en relación a sus obras y creaciones, porque existe de manera atávica la idea discriminatoria de que los artistas deben morirse de hambre incluso en los países desarrollados como España, donde aparte de todo su progreso todavía existe gente de la clase política de derecha en extraños contubernios que parecieran escupir por el colmillo en contra de los derechos de autor por un canon que ha de beneficiar a los autores directamente gravando a los fabricantes de esas extraordinarias máquinas de inteligencia artificial que necesitan para funcionar la inteligencia humana, en este caso de autores que no pueden ni poseen las herramientas adecuadas para controlar el uso indiscriminado de sus obras precisamente en esas delicadas y maravillosas máquinas. Si tuviéramos que hacer, de ser posible, una regresión hipnótica de la sociedad humana para descubrir en qué época y en qué circunstancias nació la idea de que los autores no pueden vivir de sus obras no llegaríamos a la época de las cavernas, porque sabemos de sus existencias, organizaciones e inteligencia, gracias al arte que nos legaron de grabados y pinturas en piedras (petroglifos); por lo tanto, tiene que haberse generado ese concepto denigrante muchísimo más tarde, tal vez en el medievo o en plena era industrial a sotto voce. Nos queda claro eso si, que sabemos de vida inteligente de la época de las cavernas gracias al arte que desarrollaron los cavernícolas. Lo mismo podrán hallar de nosotros las culturas que puedan sobrevenir si se respetan desde ya los derechos humanos de los creadores, porque la cultura es lo único que se lega y que tiene arraigante. Hagamos la prueba de dejar en cavernas naturales o nichos maquinarias de inteligencia artificial, pero vacías, como dije al principio de este artículo a las futuras generaciones en unos cuantos milenios más para ver si descubren en ellas algo valioso de nuestra extraordinaria civilización. El asunto es que hasta nuestros días es un mor, es decir una montaña pétrea, creer que los artistas, escritores, pintores, periodistas, músicos, etc. deban desprenderse como la gallina de los huevos de oro de sus obras, y de sus dignidades también, simplemente porque sí, “porque la historia lo dice” y porque es una ley no escrita. La contradicción es que si es una ley no escrita, tampoco puede ser ley ni dejar que se imponga hasta nuestros días como un paradigma o un anatema de lesa humanidad.
Pero esto ha venido cambiando en el mundo y ya que estamos hablando de España, CEDRO desde 1993 ha estado percibiendo el canon por los equipos de reproducción reprográfica, de acuerdo con las tarifas establecidas en la ley, ejerciendo el rol de cautelar la defensa de la propiedad intelectual de autores y editores, repartiendo entre sus asociados y no asociados equitativamente un porcentaje de derechos anualmente y de paso, cumpliendo una labor social y de asistencia donde no llegan las prestaciones gubernamentales oficiales, pero a partir de 2006 se ha creado un debate enorme en el parlamento y opinión pública que está participando con diversos criterios y muchos de ellos “obtenidos” de quienes no tienen otro interés más que de sacar una tajada política del asunto sensibilizando a los consumidores de que serán prácticamente asaltados con el famoso canon que beneficia a los autores en desmedro de los fabricantes de artefactos cibernéticos (que funcionan en base a la capacidad cerebral de muchos autores) y que tendrán que pagar de sus bolsillos a zánganos que lo único que saben hacer “cómodamente en el limbo”es escribir, pintar, componer música o editar libros. Pareciera ser esto un concepto que no resite análisis filosófico por su simpleza.
Recuerdo haber protestado adhiriéndome en diciembre de 2007 a la causa de la defensa del canon, entre miles de firmas de autores e intelectuales que recogió la prensa española ante la eventualidad de que el Congreso de Diputados se opusiera alegrándome de que se impusiera un criterio de cordura y lógica donde finalmente ganamos los autores, pero la lucha sigue ahora en el Senado y salimos de nuevo con nuestros planteamientos.
En esos días previos a la votación del parlamento español participé en algunos foros en blog donde los lectores opinaban de que no estaban dispuestos a “financiar pensiones” a determinados artistas españoles y a decir verdad, con todo respeto, los argumentos de los foristas contrarios al canon eran muy pobres y burdos, no tenían idea de lo que decían, sino que protestaban sin tener mucha claridad al respecto haciendo gala de una ambigüedad despampanante, como hacen por imitación algunos colectivos con lo que yo llamo “el compromiso con el compromiso” es decir comprometerse siempre con cualquier cosa que esté en boga, tenga asidero o no. Un forista que se lió conmigo me dijo porqué no trabajaba mejor como panadero y me ganaba una pensión con el esfuerzo de mi trabajo en vez de esperar pensionarme sin trabajar dándomelas de “cuentero” como muchos otros. Le respondí que durante un tiempo trabajé en mi país como panadero y que en un gran terremoto que hubo, el dueño de la panadería, hizo más pan que nunca y lo vendía todo en escasos minutos, hornada tras hornada, ganando mucho dinero en esos días catastróficos, cada cual entiende la solidaridad a su modo -llegué a comprender- el dueño era un español. El forista no siguió el debate, se quedó sin recursos. Le confesé además que trabajé como obrero de la construcción en mi juventud y en el campo mucho tiempo y que cualquier trabajo por duro que fuera era más fácil que escribir, publicar finalmente un libro y vivir de él.
Esto de ser autor es un trabajo que obliga a armarse de paciencia, porque nadie le pregunta a un médico, a un abogado o arquitecto o político ¿de qué vive usted?, pero al escritor sí, al artista en general sí, siempre. Con el tiempo, para evitar este tipo de impertinencias me he conseguido algunos títulos académicos que ya van para los tres sólo para afirmar mi condición de escritor, cuando digo que soy escritor y además…, así evito la maldita pregunta de qué vivo. Más de alguna vez respondí: Vivo de lo que muero.
Pese a mis títulos y conocimientos académicos sigo escribiendo e impulsando mi obra, no se puede servir a varios dioses, la literatura o nada, así es, si no hay convicción y amor por el trabajo de escritor es mejor dedicarse a otra cosa, quizás a la política o a dirigir un grupo de creyentes en un mundo mejor, pero siempre opto por meterme en un nuevo proyecto literario, sin embargo, cuando menos lo deseas te encuentras, pese al reconocimiento internacional y premios que poseas, en la calle, abandonado, con hambre y enfermo, por brillante que seas necesitas recursos como todos. De pronto en un pequeño accidente te quedas sin lentes, son caros y los necesitas para evitar otros accidentes, no tienes seguridad social, pese a estar en Europa, ni seguro alguno, pero recuerdas que eres socio de CEDRO como autor publicado, presentas tu caso y llenas una solicitud y expeditamente, sin trámites de ninguna naturaleza hiriente te otorgan los medios para comprar esos lentes ¿es a esto a lo que se oponen algunos respetables legisladores? ¿Saben estas cosas las multitudes que opinan en los foros sobre el tema del canon? ¿Es mucho pedir a la sociedad que una institución como CEDRO cobre a los fabricantes de máquinas con inteligencia artificial que funcionan gracias a la inteligencia humana, un pequeño arancel por la utilización de esa inteligencia humana que vertida en un libro o en la prensa copian?
Esta computadora en la que escribo, si no la lleno con mis obras, no sirve para nada, y si los escritores y los artistas y creadores las abandonamos y dejamos de escribir y diseñar, los fabricantes van a la quiebra y pierden pan y pedazo y bollo debajo del brazo y los políticos tendrán que volver a los mimeógrafos o a la edad de piedra de nuevo y escribir sus discursos en rocas volcánicas o arcilla. ¿Eso es lo que desean de verdad?
Suerte para los autores, artistas en general y editores que existe gente altruista e inteligente que intenta dar a los creadores y trabajadores del mundo editorial la dignidad necesaria para proyectar la industria del libro, a sus autores y a los consumidores de inteligencia humana, cobrando a los fabricantes de máquinas un concepto por autoría utilizada porque nadie copia papeles en blanco y los autores somos los únicos perjudicados si alguien nos copia, ya los autores hemos financiado desde hace tiempo con nuestras existencias parte de la riqueza de este mundo. Es hora de dejar de decir: Vivo de lo que muero.
En esta sección
Entrevista a Pedro Farré. Director de Relaciones Corporativas de la SGAE.
La remuneración compensatoria por copia privada es una medida de carácter social que beneficia a todo el mundo: a los creadores, porque se les compensa por su trabajo, a los fabricantes, porque repercute positivamente en la venta de aparatos y al consumidor, que puede hacer uso de la copia privada.
Rafael Reig
El derecho de autor, como usted sabe, tiene dos componentes: uno moral y otro patrimonial. Moral: tengo derecho a que un texto mío no se publique en una Antología de narradores pedófilos. Patrimonial: si se publica un texto mío, me tienen que pagar algo.
Blanca Cortés Fernández
Para hablar con propiedad sobre el tema, es necesario partir de una verdad contemplada en nuestra legislación sobre propiedad intelectual –Ley 23/2006, de 7 de julio– y que no es otra que la compensación equitativa por copia privada.
Antonio Rojas
Porque pocas veces he tenido ocasión de leer tantas incorrecciones y falsedades juntas a propósito del derecho de copia privada, el mal e interesadamente llamado "canon digital".
Ignacio Casado
La necesidad de compensar a los autores por los efectos de la copia privada sigue en entredicho. Es preocupante el cuestionamiento del salario de los autores, situación inédita en otros colectivos de trabajadores cuya retribución nadie osa objetar.
Ignacio Casado
Recientemente se ha publicado en esa sección un texto, firmado por Emilio Martínez Fernández de Bobadilla, en el que se vierten graves acusaciones y descalificaciones contra la Sociedad General de Autores y Editores, ante las cuales me veo obligado a responder...
Entrevista a Eduardo Bautista, Presidente del Consejo de Dirección de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE)
El canon digital está en la agenda de prioridades del nuevo Gobierno.
Antonio Rojas
Ni la copia privada ni la SGAE criminalizan al consumidor, sino todo lo contrario. Si la copia privada fuera ilegal en este país, entonces sí que todos los ciudadanos seríamos presuntos culpables.
Carlos Álvarez de la Mata
Uno de los más graves problemas que plantean las nuevas tecnologías es compatibilizar su uso con el respeto a los derechos de propiedad intelectual. Nuestro país ha afrontado este problema acometiendo diversas acciones y modificaciones de nuestro ordenamiento con el fin de mantener en el ámbito tecnológico un adecuado nivel de protección de los derechos intelectuales.
Entrevista a Jorge Drexler
El cantautor uruguayo abre el jueves en el Palau el Festival de Guitarra y presenta 'Cara B'.
Octavio Dapena
España no puede quedarse atrás, y más si se tiene en cuenta que los índices de pirateria de nuestro país son los más altos de Europa.


