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Un remedio cultural
JOSÉ F. ESCUDERO / Levante. El Mercantil Valenciano
http://www.levante-emv.com
22 Febrero 2008
Es cierto que la España democrática ha hecho avances sustantivos en todas las áreas de la vida social, política y económica, que nuestras costumbres, aunque arraigadas y con trasfondo genético de siglos de incultura, han evolucionado y ello ha permitido avizorar un ciudadano más respetuoso, cívico y solidario. Pero también es cierto que cuando se abren debates nacionales sobre temas candentes, la valoración de los ciudadanos es demasiado dicotómica y áspera y se plantea, inexorablemente, como un enfrentamiento de contrarios irreconciliables.
El tema del canon digital ha provocado esta reacción y se ha pasado del canon si, canon no, al todos contra el canon -clásico y venenoso eslogan de campaña- haciendo caso omiso de la verdadera razón de ser de la medida: una compensación a la creatividad que intenta cerrar el debate constante sobre los derechos de autor.
El argumentario opositor se ha nutrido de razones de todo tipo, la mayoría de corte circunstancial, como la de que la cultura es de todos, la de que con el canon pagan justos por pecadores, que no soluciona la piratería, que encarece el escandallo de costes del producto o que es simplemente un impuesto planteado desde el puro afán recaudatorio del estado.
El argumento de los defensores, por el contrario, es que el canon digital es lisa y llanamente una compensación para autores y editores por el uso de sus obras, por el embargo de uno de sus derechos de propiedad intelectual, el de decidir si consiente la copia de sus trabajos, a través de fotocopias, por ejemplo, y dado que son desposeídos de un derecho deben ser compensados.
Es cierto que el canon no soluciona ni legaliza la piratería y que además encarece los productos tecnológicos. Es cierto, pero el precio no es muy elevado y a cambio compensa los derechos por copia privada, legalizándola, ya que no tenemos que pedir permiso a los autores por hacer reproducciones de sus obras. Y eso es algo que hay que tener en cuenta y distinguir claramente, porque copia privada no es piratería, pues se realiza sin afán de lucro, en cantidades mínimas para uso y disfrute personal. De este modo, queda claro que duplicar revistas, libros y demás obras para uso privado está autorizado por la ley, mientras que la piratería constituye un delito.
Únicamente los autores como inventores de propiedad intelectual pueden licenciar o impedir que se hagan copias de sus obras, por ello no sólo es comprensible que en nuestro país, como sucede en la mayoría de los países europeos, se compense a los creadores, sino que es justo y necesario.
Aquellos a quienes parece antojadizo e injusto pagar por prevención o por si acaso, habrá que recordarles que cualquier mecanismo de recaudación nunca es literalmente equitativo pues atiende desproporcionadamente a inquietudes diferentes en momentos distintos. No hay hipótesis cero y menos en la creación humana, bien indispensable con que nos hacemos más personas y menos bestias de lo que seríamos si nos faltara ese alimento, cuya compensación se pretende negar desde la ceguera.
No se llame impuesto a lo que no lo es. No se llame tributo fiscal a lo que es un tributo civil, algo que sólo pagarán quienes usen ese mecanismo de apropiación mental. El método para compensar a los autores y editores está fundamentado en una cuantía que grava los soportes que permiten hacer copias y se realiza de forma transparente por parte de las entidades que lo gestionan, caso de Cedro. El canon es simplemente una medida preventiva y no representa ninguna excepción a la regla general. Hay y seguirá habiendo muchas cosas que pagamos y que no usamos obligatoriamente.
Dejemos de pensar con la inmediatez que nos exige el pequeño agujero hecho en el bolsillo y adquiramos la dosis de empatía necesaria para ponernos en el lugar del creador. El cine, la pintura, la música, la letra impresa correrían graves riesgos si dejáramos de retribuir eficaz y ordenadamente los esfuerzos de los creadores. Si queremos exigir una cultura gratuita, exijamos también la gratuidad de otras tantas cosas, los alimentos o los carburantes, pongo por caso.
Las creaciones culturales son de quienes las hacen y mucho me temo que si triunfara el pensamiento ultramontano y se suprimiera el canon, todos penaríamos semejante dislate y en primer lugar la economía, incapaz de generar riqueza por creación de nuevas obras, dado el absentismo permanente de los creadores. Muchos escritores, músicos, guionistas seguirían creando íntimamente sus trabajos, cual Robert Walzer redivivo confeccionando pequeños microgramos en Herisau. Trabajos que sólo verían la luz cuando la sociedad mendigara su regreso y estuviera dispuesta a pagar por ello. Esperemos que triunfe la cordura y esta última posibilidad se quede en eso, en hipótesis.
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